09 julio 2011

REBELION DE JUAN SANTOS ATAHUALPA (RESUMEN)

Busto de Juan Santos Atahualpa. Fotógrafo: Arturo Gómez.

Resumen de la Rebelión de Juan Santos Atahualpa

Juan Santos Atahualpa fue un mestizo descendiente de la nobleza incaica que en 1742 se sublevó con el objetivo de expulsar a los españoles y restaurar el Tahuantinsuyo, pero integrando a los negros y mestizos.

La rebelión estalló en la región del Gran Pajonal (selva central) donde los nativos ashaninkas, shipibos, conibos, piros y shiriminques estaban hartos de la opresión española, la que se iniciaba con los misioneros franciscanos y se extendía con la llegada de autoridades y militares desde Lima. Con el apoyo de los curacas del río Perené estableció su cuartel en Quisopango (cerca de Chanchamayo).

Al enterarse, el virrey Marqués de Villagarcía ordenó que tropas de Jauja y Tarma ataquen a los rebeldes y capturen a su líder. Sin embargo, a fines de 1742 después de sangrientos combates los soldados realistas retrocecdieron y se refugiaron en Jauja. En 1745, la Corona envió como nuevo Virrey al Conde de Superunda, quien también ordenó atacar al Inca, pero sus tropas también fracasaron. Entonces, ordenó fortificar los pueblos cristianos cerca de la frontera para defenderlas de los rebeldes selváticos.

Mientras tanto, Juan Santos Atahualpa organizó un gobierno en la región liberada y preparó sus fuerzas para acometer sobre Tarma y Jauja, pasos previos rumbo a la toma de Lima, la capital del Perú. En 1752, el Inca avanzó hacia Jauja y logró tomar Andamarca, pero no logró que los curacas serranos se sumen a la rebelión. Alertado de la cercanía de nuevas tropas coloniales se replegó hacia sus bastiones en el Gran Pajonal.

En 1756 el general español Pablo Sáenz llegó hasta Quisopango sin recibir ningún ataque. Esto hizo suponer que el Inca había muerto. Poco después los franciscanos escucharon que “lo habían muerto los suyos”, y que su cuerpo desapareció “echando humos”. Sin embargo, en la década de 1770 algunas autoridades todavía creían que el Inca seguía con vida en algún rincón de la Amazonía. Muchos nativos, sobre todo los ashaninkas y conibos, mantuvieron la esperanza de su retorno por mucho tiempo más.