17 julio 2009

LOS MONTONEROS EN LA INDEPENDENCIA

Desde Huamanga hasta Cerro de Pasco miles de indígenas acudieron al llamado del general sanmartiniano Álvarez de Arenales para incorporarse a las fuerzas independentistas. A comienzos de 1821 ya existían decenas de grupos armados que atacaban sorpresivamente a las fuerzas realistas de los generales José Carratalá, Jerónimo Valdez y Mariano Ricafort.


Como castigo y escarmiento Ricafort había masacrado más de mil indios, incluidos mujeres y niños, en Cangallo el 2 y 3 de diciembre de 1820. Algo idéntico hizo en Huancayo el 29 de diciembre. Otros pueblos que fueron arrasados por los sanguinarios realistas fueron Acostambo, Huayucachi, Moya y Concepción. De estos y muchos pueblos de la sierra central provenían los indígenas montoneros, que en su mayoría descendían de los antiguos guerreros huancas, otrora aliados de los españoles en el siglo XVI. Ahora luchaban sin cuartel por la independencia del Perú.


La batalla de Quiapata (2 de mayo de 1821)

A fines de abril de 1821 los generales Ricafort y Valdez salieron de Jauja para regresar a Lima por la ruta de Canta. Pasaron por esta pequeña ciudad y siguieron por la margen izquierda del río Chillón. Pero cuando avanzaban por la quebrada de Quiapata, se vieron rodeados por las fuerzas de los guerrilleros Cayetano Quirós y Alejandro Huavique. Era el 2 de mayo de 1821 y desde buenas posiciones los indígenas les arrojaron muchas galgas (rocas de los cerros) y nutrido fuego de fusilería. Totalmente sorprendidos los realistas respondieron desordenamente. Los rebeldes iniciaron el descenso y atacaron con tal ferocidad que los españoles retrocedieron dispersos para atrincherarse en Canta. Uno de los grupos se replegó llevándose a Ricafort con varios balas en las piernas y la pelvis.

Cuando se enteró del desastre el virrey La Serna tuvo que enviar una poderosa división al mando de Ramón Rodil para auxiliar a las fuerzas de Valdez y Ricafort, y traerlos a Lima. En todo el camino de ida y retorno Rodil tuvo que combatir contra las partidas guerrilleras que los asediaron sin descanso.

Desde principios de junio de 1821 miles de indios y cholos armados esperaban a pocas leguas de Lima, listos para asestar el golpe final a las fuerzas virreinales que sufrían desmoralización, hambre y una epidemia de cólera. Pero Don José de San Martín nunca los llamó. Cuando el virrey La Serna y su ejército huyeron de la ciudad el 6 de julio, la aristocracia capitalina totalmente asustada le suplicó al jefe argentino que ingrese a Lima con sus tropas regulares. Los limeños ahora sí estaban a favor de la independencia.